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Guardarraíles Asesinos

Publicado por aboreh en 26 Abril 2007

¿Qué pasaría si cada vez que un automóvil se saliera en una curva su conductor y sus ocupantes perdieran la vida o sufrieran terribles amputaciones? ¿Qué pasaría si en lugar de guardarraíles, lo que hubiera instalado en los márgenes de las carreteras fueran unos enormes clavos metálicos que se incrustaran en el interior del habitáculo y a modo de espada segaran los cuerpos de sus ocupantes?

La respuesta que a todos nos viene a la cabeza de inmediato es “¡Qué barbaridad!”, “¡Eso no es ni siquiera imaginable!”, “Eso sería un crimen” ¿Verdad?

Pues bien, eso ocurre actualmente en prácticamente todas las carreteras españolas. Lo que pasa es que los principales afectados no son los ocupantes de los automóviles (realmente a veces también lo son) sino los usuarios de motocicletas y bicicletas.

Los guardarraíles –también llamados “quitamiedos”- instalados en la actualidad en la mayoría de las carreteras españolas son autenticas maquinas de matar y de amputar miembros. El impacto de un cuerpo contra los soportes verticales a 30 Km/h (sí, solo a 30) pueden causar la amputación de un miembro y en el peor de los casos la fractura de la columna vertebral o la muerte por decapitación)

Esto es así desde hace años, muchos años. Y en todos esos años los usuarios de motocicletas no se han hartado de reclamar la modificación de los guardarraíles para que dejen de ser trampas asesinas. Pero parece ser que a la población no interesa demasiado el hecho de que cierto sector de la sociedad se deje los brazos o las piernas, o la misma vida, en un trozo de metal en cualquier carretera.

De hecho, he leído algunos comentarios en Internet al respecto que me han puesto la piel de gallina. En un foro de coches he encontrado desde el típico personaje que es exclusivamente conductor de vehículos de cuatro ruedas que cree que todos los moteros son unos jóvenes descerebrados que se dedican a hacer el vándalo por esas carreteras de Dios y que se merecen lo que les pase por chulos, hasta el más sangrante que afirmaba que los guardarraíles deberían estar más afilados todavía (no voy a expresar aquí lo que pienso de estos usuarios del foro)

En mi caso concreto paso ya de los cuarenta (por muy poco, pero los paso), y soy lo que podríamos decir una persona responsable. Tengo un trabajo, pago una hipoteca, tengo una familia, y no conduzco mi moto -ni mi coche- a altas velocidades ni hago locuras con ella. Pero confieso que cuando tomo una curva y veo por el rabillo del ojo el siniestro guardarrail esperándome, lo que menos hace es quitarme el miedo. Más bien al contrario, me acojona mucho. Y ya no digamos si, además de la mía, soy también el responsable de otra vida que viaja conmigo en la parte de atrás del asiento.

Y como yo, somos miles de usuarios de motocicleta los que nos contamos en el país. La mayoría no vamos haciendo el cafre, ni nos creemos Valentino Rossi, pero todos estamos expuestos a una caída por cualquier causa: por un error de conducción (las menos, si no se va haciendo el animal), por un problema mecánico (aún menos), por problemas de la carretera (bastantes más, por cierto, porque para aquellos que no lo hayan notado, las carreteras españolas son una autentica pista americana para los motoristas, donde tenemos que andar esquivando baches, grava, grietas, pinturas deslizantes, manchas de aceite, charcos de gasoil dejados por los camiones, etc.) o por culpa del conductor de un automóvil (la mayoría de las veces) que nos saca de la carretera porque no señaliza una maniobra, o porque no nos ve venir, o porque nos ve y nos ignora.

Lo malo es que cuando se produce una caída, más le vale a uno que no se cruce un guardarrail en su camino. Puede tener la mala suerte de pasar entre los soportes y caer a un barranco, o puede tener la peor suerte de impactar contra un soporte y dejarse un miembro colgando, o puede tener la fatídica suerte de partirse por la mitad.

Habrá quien se este preguntando ¿Entonces, qué hay que hacer, quitarlos? Pues no. Nadie propone quitarlos, solo modificarlos. Por el simple hecho de añadir otra bionda al guardarrail (la parte barrera horizontal que protege a los automóviles de salirse de la carretera) se evitarían el 15% de las muertes y heridas graves entre motociclistas.

Es decir, que ya existen varios modelos homologados de protección suficientemente probados que se podrían implantar sin que el coste sea demasiado elevado. De hecho en varios países de Europa ya hace años que los utilizan con éxito. Solo hace falta voluntad para que en algún momento, en un futuro no muy lejano, podamos ver una escena como esta:

 

Interior de la oficinal del director de la Dirección General de Tráfico. El máximo responsable de la seguridad vial en España se encuentra leyendo un parte de accidentes:

Fulano Fulánez, colisionó contra un guardarrail cuando conducía su motocicleta al patinar ésta en una mancha de aceite inadvertida, produciéndose una fractura en peroné derecho y contusiones varias en espalda y extremidades inferiores.

Mengana Mengánez, prometida del anterior, colisionó contra un guardarrail cuando viajaba en la misma motocicleta, produciéndose fractura de dos costillas y quemadoras leves en extremidades inferiores.

El director deja los papeles sobre la mesa, se quita las gafas con gesto cansado y piensa: “Bueno, si no hubiésemos arreglado los guardarraíles, Fulano se hubiese dejado la pierna colgando del guardarrail, y Mengana hubiese muerto partida por la mitad”

 

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